
Esta noche cerré los ojos, me dejé llevar,
sabía dónde me conducía la noche.
Sucumbí al sueño, viajé sin moverme de mi cama
miles de kilómetros, pasando por playas,
desiertos y montañas...
Y nada de lo visto me pareció tan bello
como el lugar donde me encontré de golpe...
... a tu lado.
Viéndote dormir, con una sonrisa en los labios,
parecías feliz.
No pude dejar de mirarte,
de sentir tu respiración...
Te miré. Sentí... sentí engrandecerse mi alma.
No pude más que esbozar una sonrisa,
besarte suavemente y susurrarte al oído:
Descansa, que yo velaré tus sueños...
Me senté a tu lado y te observé...
Te observé mientras mi consciencia
me iba devolviendo poco a poco a la realidad...
Y entonces me dí cuenta
de que tú... nunca estuviste,
y de que yo,
a pesar de mis intentos... jamás me fuí...
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